← Volver al índicePablo Cristín · @peblix
Movimiento I · segunda parte

Por dentro

// el yo, la mente, la ansiedad, lo que se esconde

101 poemas

Hoy estuve muy cerca

Hoy estuve muy cerca de llegar a hacer la salsa como la hacía mi abuela. No sé si mis sentidos se agudizan y así encuentro los sabores que faltan, o si los recuerdos se van deteriorando y la memoria se vuelve más permisiva.
Estoy enojado con mi mente porque hoy, un recuerdo, me mintió.
¿Será entonces que también podemos idealizar momentos que ya pasaron? Idealizo mis recuerdos de forma retroactiva.
Idealicé mis recuerdos, como poniéndoles una curita, para que el futuro no duela tanto.
Le tiré alcohol a mis recuerdos y lo absorbió todo mi hígado. La resaca después de cicatrizar mi memoria, será terrible.

La revolución

La revolución empieza en el estómago.
Romper las cadenas, fundir el metal, forjar una espada.
Prefiero ser traidor de las rutinas, que esclavo de la calma.
Independencia es abrirse el pecho con las manos sucias y arrancarse las cadenas incrustadas en la carne.
Revolución es mirar lo que duele y no bajar los ojos.
Quemé mi propio refugio para no volver a él. Pero aprendí a calentarme con sus cenizas.
Y aunque sangro, al menos, la sangre, es mía.
Si somos libres es porque nos arrancamos todo lo que nos ataba. Incluyendo el miedo.

En mi cabeza

En mi cabeza hay un mouse haciendo doble click constantemente por todos lados.

Soy el pedazo de un espejo

Soy el pedazo de un espejo que a su vez es un espejo, y se vuelve a romper en espejos más pequeños, y desde todos ellos me miro a mí mismo, clavándome mis propias pupilas, como alfileres en el cuerpo, soy un muñeco vudú, intentando satisfacer el deseo de todas mis personalidades al mismo tiempo.

Afuera llueve y yo converso

Afuera llueve y yo converso con mis ojos en el reflejo de la ventana. Afuera llueve y yo pienso mirando la mugre del vidrio de la ventana. Afuera llueve y yo coincido con un relámpago y mi cabeza impacta el cristal y un trueno suena y no se sabe qué sonido es más triste. Afuera llueve y yo todavía escucho pedazos de vidrio caer contra el suelo que se mezclan con las notas musicales que cantan las gotas de lluvia golpeando las chapas del techo. Afuera llueve y yo, adentro, miro a la ventana partida en mil pedazos. Afuera llueve y yo, adentro, partido en mil pedazos, miro la ventana. Afuera llueve y yo, cayendo en un millón de gotas, mientras vos mirás por la ventana.

Rompí todos los moldes

Rompí todos los moldes para darme cuenta que nunca tuve forma.
Abrí una ventana en mi cabeza para ver el mundo sin procesar. ( dolió un poco)
Abrí una puerta en mi pecho, que da directo al corazón y le clavé un cartelito que dice "pase sin golpear" ( me ).

Esto que ves

Esto que ves no soy yo es un refugio que construí con mis propios escombros. Si te asomás por el borde de mis ojos vas a ver mi luz al final del túnel.

Nunca entendí porqué asociamos

Nunca entendí porqué asociamos los días nublados a estar tristes. Si más tristeza da ver al sol por los barrotes y no poder arrojarse a él.

Acordate que dentro de tu refugio

Acordate que dentro de tu refugio es donde estás más acorralado.
¿Cuánto tiempo más te vas a quedar pensando?
A veces la mejor opción es salir a la tormenta con las heridas frescas.
Que la comodidad del resguardo no se te vuelva rutina.

El mundo

El mundo es una selva hostil y yo sólo quiero abrazarme a una nube de tormenta y llorar.
No hay refugio de la realidad, salvo mi propia mente.
¿A dónde vas cuando ningún lugar es el correcto?
Hay un bosque en el fondo de tus gritos donde nace el río que te recorre.
A lo lejos, escuché a una montaña pronunciar tu nombre. No sé si el mundo me dio una señal o si devolvió el eco de mis gritos.

Ha crecido musgo

Ha crecido musgo en los humedales de mis ojos, acaparan las pestañas el vapor que asciende desde mi corazón de hielo cuando tu recuerdo lo entibia, y al subir se condensa en mis lagrimales para caer como llovizna, formando un arroyo ventricular sobre mí pecho, que se congela de nuevo con la helada brisa de un suspiro muerto, en el recurrente ciclo de la tristeza.
Ha crecido musgo en los humedales de mis ojos, incesantes ríos que caen mejilla abajo lloviéndo sobre el iceberg en mí pecho, alimentan recordando en cada gota, ya evaporada, el recurrente ciclo de la tristeza.

Hoy me arranqué los miedos

Hoy me arranqué los miedos y me paré al borde del abismo. Volvieron a brotar entonces, instantáneos, como brotan los ríos de vertiente, como nacen las ramas nuevas, como viven las mariposas, y me di cuenta que intentar vivir sin miedos es tan imposible, como quedarme quieto y dejar que se apoderen de mí.

Si cierro los ojos me caigo

Si cierro los ojos me caigo para adentro.

El vacío aterrador

El vacío aterrador de sentirse solo en medio de la multitud, ser una gota de lluvia que no explota contra nada.
Estoy tan solo adentro mío que cada una de mis personalidades está encerrada en un monoambiente oscuro, y sin ventanas. El problema, es que a veces todas quieren salir por la misma puerta.
El optimismo de vivir en un vacío absoluto es no saber si estoy cayendo o levitando. ¿Tengo apoyados mis pies sobre el suelo o sobre el techo?
Construí una barricada para protegerme y ahora no la puedo saltar.
Dicen que todo está patas para arriba, debe ser cierto, por eso encajo tan bien cuando estoy dado vuelta.
Hice la vertical para alinearme al mundo mientras toda mi sangre se acumula en mi cabeza. ¿Vale la pena el esfuerzo hasta explotar para intentar coincidir en un mundo pensado por alguien más?
No me importa de qué lado de la mecha te encontrés. Prestame fuego y vamos a saltarla como una soga en llamas, hagamos el ejercicio de permanecer en el aire mientras todo explota a nuestros pies.

Me derrumbé un domingo

Me derrumbé un domingo y lo que queda de mí ha formado una montaña que ahora debo escalar para volver a construirme.
Nadie queda igual después de haber sido herido, debe ser por eso que cambiamos todo el tiempo.
Voy a llenar todas mis cicatrices con recuerdos tuyos, para que al menos, cuando vuelvan a doler, pueda seguir sonriendo.
Y vamos cambiando tanto y a veces tan rápido, que somos tan distintos, y también olvidamos tomarnos el tiempo que resulta necesario para hablar un poco con nuestra nueva versión, y volver a caernos bien.

Camino en la cornisa de mi mente

Camino en la cornisa de mi mente. Abajo, voces que me invitan al insomnio. Arriba, todo lo inalcanzable, lo invisible. ¿Cómo saber si la soga a mis pies es una invitación a la salida, un rescate, o una mecha que debo encender? Cuidá tu mente, que tiene tatuado un "frágil", como si fuera vidrio a punto de romperse, como un anticipo que grita: ¡cuidado! explosión inminente. Mi cabeza crepita desde adentro, un sonido seco como el fuego acompaña las grietas de mi cráneo, que cada vez más endeble, me aprisiona entre saltar o explotar. La rama se quiebra, el fuego consume todo, se alimenta de los obstáculos y yot observo desde mi lugar. Me acorrala y elijo saltar, caer al vacío, solo para no explotar en mil pedazos. Rompo el aire acercándome a la nada, destruyendo nubes, secándome los ojos, y justo antes del impacto, descubro que mi mente siempre fue la cornisa la rama, el fuego, el rescate, los obstáculos, la mecha y la bomba. ¿Quién soy yo sin la fragilidad de mi mente?

No le tengas piedad a lo absoluto

No le tengas piedad a lo absoluto.

Quiero que tropieces

Quiero que tropieces y caigas dentro de mi sombra, que atravieses el bosque de ruido y descifres qué dice cada uno de los gritos, para después, en un abrazo, susururrar mis propios miedos, al oído, sin bordes filosos, transformados en poesía.
Quedate en silencio dentro de mi oscuridad y cuando tus ojos se llenen con todas mis sombras, vas a distinguir, entre la niebla la silueta de mi forma real.
¿Qué forma tenemos en la más absoluta y densa oscuridad?
Dame un abrazo en penumbras que despierte todos los sentidos.
Mi casa es cualquier lugar donde se apagan todas las luces.
¿Qué dicen las voces cuando cerrás los ojos?
A veces me pierdo en los pasillos de los laberintos de mis pensamientos, tengo claro dónde está la salida pero me parece más sano recorrerlos cada tanto.
Hoy, voy a acampar en la costa de mi ansiedad, sólo espero que el río no desborde.

Soy un maniquí con sangre

Soy un maniquí con sangre, de ojos de vidrio que reflejan siempre la misma escena, torturándome con el eco de un recuerdo. Soy un tronco hueco, en que las raíces se esconden de mis propias flores, donde los brotes crecen hacia adentro y nunca nunca dejan de gritar. Soy un espejo astillado, que se cree descompuesto porque quedó a oscuras y todavía no sabe que han apagado la luz, y que sus partes rotas todavía funcionan por separado y aunque no se note, están reflejando constantemente la oscuridad.

Qué dice el eco de las voces

¿Qué dice el eco de las voces que rebota atrás de tus ojos? ¿Cuál es el sonido que escuchás cuando todo está en silencio? ¿De qué color es el brillo de los ojos que te miran cuando apagás la luz? A veces siento que la quietud es imposible. ¿A cuántos ruidos te acostumbraste y les llamaste “silencio”? Perdiste la llave con la puerta abierta y ahora te asfixia el sentimiento de poder salir pero no volver a entrar.

Si hubieras visto

Si hubieras visto los cielos por los que volé entenderías mis tormentas. Un atardecer vale más que mil palabras. Hoy me siento parcialmente nublado. ¿Qué son las nubes sino un pequeño recordatorio para no olvidar la ingravidez?

Camino

Camino, corro, acelero, mis pies se enredan y caigo al piso de nariz. Limpio la sangre, seco los ojos, me levanto y sigo. Yo suelo ser la piedra con la que tropiezo.

Estar colgando

Estar colgando de un hilo no es un problema el problema es no querer soltarlo. Soltá eso que te aterra.

Mi cordura

Mi cordura es un hilo muy finito que me mantiene atado al mundo, ¿debería bajar por él hasta pisar tierra firme o cortarlo de una maldita vez?
Me quedé mirando fijo los colores de una flor. Por horas, me quedé mirando fijo los colores de una flor. Y no es que no haya otras cosas, pero me quedé mirando fijo los colores de una flor, porque no quiero ver el caos que explota a mi alrededor.
Dibujé un paisaje en cada persiana de mi casa, para que al cerrarlas vea algo que me de esperanza.
Imagino y pienso y no hay nada más simple y hermoso que tu sonrisa ¡pero qué complejo y horrible ha sido el camino para conseguirla!
La fragilidad de mantener la simpleza de lo simple.

Proceso de cómo escribir un libro

Proceso de cómo escribir un libro: 1) uy se me ocurrió una idea, la voy a anotar en mí celular. 2) empezando con el primer capítulo 3) aaaaaaaa 4) aaaaaaaa (tirado en el sillón) 5) durmiendo en el teclado 6) en un lugar random 7) aaaaaaaa 8) con el libro en la mano

La infancia

La infancia fue un ensayo libre, la adultez, un contrato sin leer.
El disfraz de adulto me queda grande.
Mi curiosidad resiste entre burocracia, despertadores, y tarjetas de plástico.
Mantengo la sana costumbre de preguntar de más, de no entender los trámites, de trabarme en lo repetitivo.
A veces, incluso, disimulo mientras juego a contar los autos rojos que pasan al lado del tren. ¿Me juzgarán los demás si se dan cuenta o estarán haciendo lo mismo que yo?
Todavía tengo amigos invisibles que me visitan cuando la realidad se pone muy real.
La nostalgia es resistencia.
Crecí para entender que nunca quiero dejar de jugar.

La ansiedad

La ansiedad golpea desde adentro como un animal que aprendió tu nombre.
Cuanto menos querés escuchar a lo que susurra dentro de tu oído, es cuando más empieza a gritar.
No viene a destruirte, viene a recordarte que estás vivo en un mundo que te prefiere funcionando.
La pregunta no es cómo callar las voces que suenan adentro, sino cómo elegir cuál apagar.
Y el silencio no siempre es paz.
Si somos puro ruido, ¿quién queda cuando por fin se calla todo?
¿Quién sos cuando se apaga el ruido?

Nos vemos

Nos vemos del otro lado de los miedos.

Nos tienta cada vez que la vemos

Nos tienta cada vez que la vemos, a bajar la palanquita de emergencias, en el tren, la universidad, en un hospital, para ver qué pasa, cómo suena. Y nos tienta y la miramos, y miramos alrededor para ver si hay cámaras, si alguien nos mira, y nos preguntamos si es un buen momento para bajar la palanca, para romper el vidrio y apretar el botón y que todos se enteren, a viva voz, entre el ruido ensordecedor, de la emergencia que nos incendia por dentro.
¿Será que es tan tentador sonar una alarma que nos rompa los tímpanos para darle a entender a los demás que estamos necesitando, urgente, un abrazo?
¿Será que nos tienta saber hacia dónde correrían los que nos rodean cuando sientan que todo va a estallar?
Hoy se rompió el cristal en mí, y quedó mi alarma de incendios expuesta, desprotegida, y yo pidiéndote a gritos, con lo que queda de mi voz, que por favor la presiones.
Hay una alarma sonando, constantemente, cada vez que cierro los ojos.
En caso de emergencia, rómpase.

Florecer

Florecer es el acto de transformar la humedad de las raíces en colores.

El camino

El camino más largo es el que más me acerca a mí. ¿Qué tan lejos estoy de mi propio yo? Mi cuerpo está acá, mi cabeza más allá.

Me escondo de mí mismo

Me escondo de mí mismo en el fondo de un vaso. De dos. De cinco. ¿Que me diré cuando me tenga en frente? Por ahí mi versión real es la que se refleja en la parte interna del culo de una botella. Me escondo de mí en brillantes amaneceres, regando veredas con la comida de ayer. Y ya no se dónde dejar de buscarme.

Cada poesía es un ladrillo

Cada poesía es un ladrillo que coloco en mi refugio. Cada pared una estrofa con humedad de cimientos. Pero el mayor problema que no pensó el arquitecto es que por cómo están puestas las letras sólo se leen desde adentro.

El aire viciado

El aire viciado de los miedos que respiramos entre paredes herméticas va destruyendo la poca humanidad que queda en el mundo donde todos persiguen una zanahoria de plástico. ¿Cuánto hay que pagar para abrir una ventana? ¿Cuánto hay que romper para poner una ventana? ¿Cuánto tengo que romperme para ser una ventana? ¿Y si hoy destruyo una pared a cabezazos?

Somos nubes grises

Somos nubes grises buscando la gota que rebalse para empezar a llover. Las poesías son nubes formadas por lágrimas evaporadas que se condensan para volver a caer. Precaución, los recuerdos pueden parecer más cercanos al mirar hacia atrás por el espejo empañado. Una nube negra me persigue tiñe el suelo con su sombra, escupe sobre mí, no importa dónde vaya, no importa cuánto corra, ella me persigue pero yo, casi siempre, le pregunto dónde quiere ir. Hoy me siento parcialmente nublado.

Hoy me sangra

Hoy me sangra un recuerdo. No lo tapo, me dejo manchar las manos.
Es la única herida que todavía me calienta los dedos.
La memoria es eso: una hemorragia que elegís no detener.
¿Por dónde estás sangrando hoy?

Mis heridas son ventanas

Mis heridas son ventanas por las que quiero que entres para que, a pesar del viento que quiere mantenerlas abiertas, puedas abrazarlas y cerrarlas desde adentro.
¿Cómo se llama cuando se abre una herida donde ya había una cicatriz?

Esa noche

Esa noche, grité para adentro y mi pecho explotó. Las paredes no soportaron tanta verdad salpicada y se desmoronaron. Caen sobre mí, incontenibles, ladrillos, como asteroides, y van llenando el vacío de mi pecho, con escombros de realidad, todavía manchados con un poco de lo que queda de mí.

A veces pienso

A veces pienso que el mundo pasa demasiado cerca de mi piel. Y que la piel es una frontera débil, un alambrado mal hecho que no me aisla de nada.
Tu sombra entra en mi mente como si tuviera llave. Como si siempre hubiera vivido acá.
Hay días en los que me quedo quieto sólamente para sentir al tiempo pasar.
Es algo más profundo que una tristeza, es como una verdad impronunciable.
Soy el espacio entre una palabra y otra. La pausa. La duda. El hueco.
No me fui. Me apagué.
Y vos, ¿en qué parte del abismo respirás?

Hay tanto ruido

Hay tanto ruido dentro de mí que no escucho la música que me rodea. Mi mente es una selva de murmullos con un claro en el medio al que siempre intento llegar. ¿Podrán esta noche atraparme las sombras cuando cierre los ojos o seré capaz de soñar más rápido? Todos los demonios son imaginarios hasta que me duermo.

Con que están pintados todos mis miedos

¿Con que están pintados todos mis miedos que brillan cuando apago la luz? Mi ansiedad me da opiniones que no pedí sobre cosas que no pasaron. Me cosí los ojos y me escondí debajo de mi propia piel para que los fantasmas que habitan por fuera no puedan lastimarme. ¿Qué son los golpes que se escuchan desde el fondo de mis pensamientos? ¿Qué pensamientos muertos estarán intentanto revivir en el fondo de mi mente? Me encondí dentro mío para escapar de los fantasmas y me encontré con todos los monstruos que habitaban en mi interior. Ojalá aprenda a destruirlos. Ojalá aprenda a quererlos. Ojalá nunca se vayan, porque sin ellos, después de conocerlos, no sabría qué hacer.

Como quien espera un tren vacío

Como quien espera un tren vacío con las rodillas temblando, sabiendo que no va a conseguir asiento. Como ver al cielo nublarse por una ventana lejos de casa y saber que no hay reparo del mal clima. Como cuando el otoño castiga a quien salió temprano en remerita pero la tarde pide abrigo. Como cuando no te acordás cómo se siente que un abrazo te aplaste las costillas, te desinfle las penas. Como cuando tus ojos húmedos de nostalgia gritan un recuerdo en un momento inoportuno. Como cuando un trapo húmedo en tu garganta no te deja gritar una verdad acumulada. Como cuando hace un mes no se te cae una idea y pensás todo el tiempo en abandonarlo asfixiándote, sin dejar respirar al cuerpo. Como cuando tomar distancia, es también tomarse la eternidad. Es decir hasta luego sabiendo que no vas a volver. Como cuando todo es demasiado. Como cuando todo es muy poco. Como cuando un día de estos todo te salga como el orto y vayas por ahí, sonriendo, a pesar de todo, a pasar por todo. Porque definitivamente tenés que pasar por todo, y tenés que abrirte a la mitad, también, para dejar que todo pase por vos. Disfrutá el proceso. Todos los procesos. Lo que no te mata, no sé si te hará más fuerte, pero sí te hará más humano.
No somos más que una red que cada tanto atrapa una mariposa, espera a que todo duerma para robarle un color, y la vuelve a liberar, sabiendo con certeza que es mentira que las mariposas viven un solo día.

Olvidé cómo volver

Olvidé cómo volver, perdí el rastro, entré en pánico. Miré a los costados, arriba y abajo, sin reconocer mis huellas, con la respiración asfixiante de no saber para dónde ir. Mis pulmones se inflan y vacían sosteniendo un ritmo inhumano, los ojos, tapados por lágrimas, pierden visibilidad entre lo denso de cien caminos que se abren bifurcando incertidumbres. No reconozco mis ojos en el reflejo de los ríos y no sé para dónde caminar: todo camino es incierto, todo camino es filoso en mis pies. En medio de la desesperación por mi mente pasan todas las ideas, TODAS LAS IDEAS, grito, lloro, desespero y vuelvo a llorar, pero de ingenuo, hago todo menos preguntarme por qué quiero estar seguro de saber cómo volver al lugar del que por fin había logrado escapar. Cuando todos los caminos son nuevos, ninguno es incorrecto. Tampoco es que haya un destino equivocado para los que no saben dónde están yendo. ¿A qué lugar que sabés llegar de memoria juraste no volver? Las cicatrices siempre saben volver a casa.

Los gritos

Los gritos de quienes habitan el subsuelo llegan a la superficie como susurros audibles sólo para quienes se detienen un momento a oler la lluvia.

Me arde la boca

Me arde la boca como si cada palabra viniera del fondo de un pozo en llamas. A veces hablo pero no soy yo: es un ruido viejo, la sombra que aprendió a imitar mi voz. La ironía de saber, que las cosas que callé me rompieron más que las que dije. Hay días en los que siento que mi cabeza es una habitación cerrada sin ventanas, con todos los muebles hablándome al mismo tiempo. No sé quién soy cuando pienso demasiado, ni quién sería si dejara de hacerlo. Me pregunto si la realidad duele o si es el esfuerzo constante de sostener lo que nos parte. A veces creo que existir es apenas una excusa para no desaparecer. Y aun así, lo único que de verdad me desarma es admitir que todo esto es parte de mí.

Me pongo la cara

Me pongo la cara de humano y salgo, pero mis ojos todavía huelen a domingo vencido.
Hay algo podrido entre la multitud y nadie se anima a nombrarlo.
Me perfumo de ansiedad y me encierro en un cuerpo que no me cree.
Los lunes, los pies avanzan, aunque el alma esté de huelga.
La rutina es prueba de cuánto podemos negarnos sin quebrarnos y cuántas veces podemos rompernos sin que se note.
Al final del día, terminás de actuar, caés rendido en el sillón después de dar tu mejor papel pero nadie aplaude cuando se cierra el telón.

No intentes

No intentes dialogar con las voces que te hieren, las voces no escuchan porque son sólo sonido, porque no pueden escuchar.

Voy corriendo

Voy corriendo tras mis demonios ellos ya no quieren saber de mí.

No respires

No respires el humo de los que andan todo el tiempo quemados.
No te quedes con las escamas de los que van cambiando la piel.
No levantes tu cadáver si todavía estás vivo.
Merecés un corazón fresco, que apoyado en tu espalda, retumbe por todos tus escombros hasta hacer latir el tuyo.

Empatía

Empatía, es llorar con lágrimas de otros ojos.
Hoy deberia dejar de estar triste porque me pasaron varias cosas buenas, pero el problema es que me pasaron sólo a mí.
Quiero tomar lágrimas de otros ojos para sentir la sal de otras vidas. Arrancarte los ojos de un mordisco para que nunca más veas nada horrible.
A veces me reflejo en otros ojos, y me miro en lágrimas que están por caer.
No hay peor dolor que el que duele en soledad.
Si algún día me ves encerrado dentro de mí, te doy permiso para que rompas la puerta y me des un abrazo.
Cuesta conseguir abrigo para el frío que se siente de la piel para adentro.
Ojalá te permitas un espacio para llorar.

Adentro mío

Adentro mío hay muchas personas opinando al mismo tiempo.
Me ahorcan manos invisibles que se sienten tibias, aprietan lo suficiente para recordarme que debo seguir respirando.
Las lágrimas caen del lado de adentro de mis ojos, y nadie nota la inundación.
Sonrío.
Todo pesa más cuando no hace ruido.
Todos aplauden mi equilibrio, sin saber que camino sobre una grieta.
¿Cuándo es que realmente se empieza a existir?

Soy un tonto alquilando

Soy un tonto alquilando este cuerpo en ruinas, y pago con cordura para ser libre un ratito. Corro en una calle, entre pedazos de gente rota que sin embargo ríe conmigo. Tropiezo con mi sombra y caigo adentro suyo, me veo hablando a la pared justo, directo a mis ojos. ¿Es un monólogo si todas las voces salen de mi mente?

Tengo una espina en la garganta

Tengo una espina en la garganta que pincha cada vez que trago, que gotea un hilito de sangre en cascada desde el extremo más callado de mi lengua hasta el ácido voraz de mi estómago. Tengo una espina en la garganta, que vibra con el sonido de mi voz cosquilleando dentro del cuello, insoportable, y nadie pero nadie pero nadie pero nadie imagina que carraspeo siempre para callarla. Tengo una espina en la garganta, e intenté sacarla con mi mano, con manos ajenas también revolviéndolo todo, y siempre pero siempre pero siempre me retuerzo en las arcadas del fracaso. Tengo una espina en la garganta, residuo latente de algo que tragué y no supe tragar del todo, porque una espina es también un pedacito, tal vez el más filoso, de algo mucho más grande. Tengo una espina en la garganta, y ya es parte de mí, intrínseca, y entendí que un poco me protege como una espoleta que evita un desborde, que mi cuello explote, que vomite todo.

La desgracia de ver

La desgracia de ver poesía en todos lados es no tener claro dónde termina una metáfora y dónde empieza la realidad. A veces sin querer y por error termino cayendo en lo real.

Así como las cajas

Así como las cajas de los rompecabezas nos mostramos, para afuera, siempre armados.
Mientras el mundo más me agita, más se desordenan mis piezas por dentro.
Armá primero mis bordes, encontrá las piezas que forman mis esquinas, descubrí mi estructura y después, lo más difícil, intentá descubrir en qué orden van las piezas de mi interior.
La eterna interrogante de si conviene pegar para siempre aquello que nos costó tanto armar, o lo rompemos de vuelta para que vuelva a entrar en la caja de donde salió.
Soy un rompecabezas que cada vez que me armás tengo distintas piezas. ¿Por qué busco siempre distintas maneras desarmarme?
Desarmarse no es romperse.

La oscuridad

La oscuridad no es un vacío, la oscuridad está rellena de sueños que nos dan miedo.
La solución para el miedo a la oscuridad no es prender la luz, sino cerrar los ojos.
Me encontraba rodeado de penumbras y las abracé.
Vomito en la oscuridad y sólo escucho el ruido, y sólo siento el ácido atravesarme completo. Vomito en la oscuridad y se humedecen mis medias, y se me caen los ojos que creía cerrados. Vomito en la oscuridad y chapoteo en mis restos, y hacen eco por mi cuerpo empapado, los recuerdos, que dejé por todo el suelo.
No prendas la luz, no quiero desaparecer.

Cerré los ojos

Cerré los ojos para escuchar una melodía suave entre tanto caos. Y detrás de las voces, los gritos y las bombas, me vi a mi mismo, cantando bajito. Para adentro, somos infinitos.

Devastado por los vientos

Devastado por los vientos se quiebran mis manos desgarrando nubes negras, caen mis uñas como diamantes y sepultándose en pantanos, germinan árboles sin raíces, despréndense algunas falanges de tanto arañar el algodón eléctrico que va cargándose con mi sangre, y ahora llueve todo rojo, sobre el campo todo verde, y yo insensato, todo gris, rompiéndome los dedos destrozando nubes para ver, al menos, un pedacito de cielo.

Hice un ramo con mis miedos

Hice un ramo con mis miedos y los dejé en un florero sobre la mesa del comedor, así podemos ver juntos, día a día, cómo se van secando y mueren lentamente.
Dejé las excusas sobre la mesita de luz para olvidármelas cuando suene la alarma y salte, nuevamente, al caos.
Hoy puse un recordatorio para olvidarme de todo.
No podés posponer todas las alarmas pero podés destruir el despertador, que rompe los sueños como una burbuja y oficiando de grillete, te ata, pesado, a la realidad.
Quisiera ser liviano para flotar como flotan las horas sobre mí.
¿Cómo se desinfla la mente cuando está por explotar?

En los sueños

En los sueños las situaciones más ilógicas parecen tener sentido. ¿Y si todo esto es un sueño?

Hay cosas que me habitan

Hay cosas que me habitan pero ya no me representan.
¿Cómo me saco las partes gastadas para volver a brotar?
Llueve torrencial sobre todo aquello que no se cura.
Me rompí sin hacer ruido como las cosas que ya sabían que estaban por romperse.
Hay abrazos que siguen latiendo aún después del abrazo.
A través de mis grietas entra la luz pero también el frío.
Todo lo real me mira como si yo fuera el error.
Está haciendo de esos fríos que se sienten en los ojos.
Estoy aprendiendo a no pedirle calor a todo lo que me rodea.

No le temo

No le temo a la oscuridad, tengo miedo a quedarme en ella para siempre.
Temo que mis ojos se acostumbren tanto a la penumbra que luego no me permitan distinguir tu sonrisa entre todo tu brillo.
¿Qué es una pequeñísima luz entre millones de luces? Nada. ¿Qué es una pequeñísima luz entre la más densa oscuridad? Todo. ¿Qué es una pequeñísima sombra entre millones de luces? Un agujero. Un lugar por donde respirar. ¿Qué es una pequeñísima luz en la más densa oscuridad? Un agujero. Un lugar por donde respirar.
¿Y si acaso no brillara el sol?

No tengo

No tengo las mismas preguntas que cuando era chico, ahora, tengo muchas más. Qué increíble viajar con un olor que nos recuerda a la niñez, y qué increíble, pero qué vacío también, ¡qué angustia! no tener forma de explicárselo a alguien más. Nunca vendas el brillo de tus ojos, no traciones tus ilusiones de niño.

Dicen que los moretones

Dicen que los moretones se corren y que a veces no marcan el lugar donde fue el impacto. Eso explicaría, tal vez, por qué vemos herido el hígado después de que nos hayan cagado a palos el corazón.
Todavía guardo algunas heridas que no dejo cicatrizar, porque de terco, siempre creo que curarse es también olvidar.
Te busqué en el fondo de las botellas más baratas, ahora sé que para encontrarte debería revolver en el fondo de las máscaras.
No quiero pasar frente a ningún espejo, hoy no quiero mirarme a los ojos.
Una herida abierta repleta de lágrimas es una fosa inmensa que no nos mata, pero nunca deja de ahogarnos.
De cada herida yo guardo una flor y mí casa es un jardín (un jardín para vos)

Uno no es tan tonto como parece

Uno no es tan tonto como parece ni tan cuerdo como suena. Ni tan loco como se hace, ni tan sereno como aparenta.
Detrás de toda máscara, detrás de toda escena, siempre habrá un ser chiquito, completamente solo, intentando sobrevivir, a su propia oscuridad.
¿Cuál fue tu disfraz favorito de hoy?

Dónde estás

¿Dónde estás cuando no estás en ningún lado?
Existir es un ruido insoportable, pero yo existo en el silencio.
Me trago el óxido de las palabras que habitaron mi boca y no pudieron salir.
Soy el silencio entre tus latidos, el momento exacto en que se desinflan tus pulmones en cada respiración.
Soy esa costilla que cruje en cada abrazo, la necesidad de hacerme real para sentir tu piel.
Vivo en un naufragio inventado, una carcasa vacía que alguna vez protegió tu fuego del viento.
Habito en la distancia, entre lo que soy y lo que dejo que se vea, un bosque inmoral, una trampa infinita, una lágrima de risa.
Me quedé a vivir en esa parte de vos que te cuesta recordar, en los días de sol que son como todos los demás.
Soy como esas partes de tu cuerpo que no sabías que podían doler.
Existo solamente entre las grietas de la máscara, ¿cuántos pedazos te arrancaste para poder encajar?

Respiro piedras por el pecho

Respiro piedras por el pecho y quiero arrancarme los pulmones, el viento agridulce del otoño esta vez no mostró piedad. Quiero saltar por la ventana, caerme de cabeza en el sol, que tengan fuerza mis piernas, volver a respirar en estéreo. Conozco el techo de memoria, la almohada conserva mi forma mientras los planes se disuelven en el reflejo del vidrio y yo, atrás. ¿Por qué no disfruté respirar más? ¿Por qué no corrí cuanto pude? ¿Cuántas veces me quedé adentro y ahora prisionero, extraño salir? Y acá, como el aire bipolar del otoño, sigo intentando respirar, aunque duela, sobreviviendo a la amplitud térmica y terminar mucho más fuerte, para después enfrentar al invierno.

La oscuridad

La oscuridad que proyecto es por la luz que guardo dentro de mí. Soy una sombra porque tengo todo el brillo en mi interior.
¿Qué tan egoísta resulta guardarme todos los colores mientras espero al prisma que logre descomponerlos de nuevo en un arcoiris?
Nos vemos en el lado oscuro de la luna, donde sólo crecen flores negras que se alimentan de nuestro brillo interior.
Dame un abrazo que vuelva a encender el sol.
A partir de ese momento la tierra se agrietó y salieron flores, volaron mariposas y las copas de los árboles se chocaron entre sí, las montañas emergieron y los ríos dulces lloraron hasta salar el mar. De a poco, todo empezó a girar de nuevo.

Soy un hueco

Soy un hueco, un vacío, una sombra. La aterradora luz no hace más que resaltar mi oscuridad.

A dónde

¿A dónde va todo el color que vamos destiñendo? Existe una alcantarilla bajo todos los disfraces donde corre un río arcoiris conformado gota a gota por las risas que olvidamos.

Enderezar un clavo

Enderezar un clavo supone la ardua tarea de golpearlo por varios lados para que se acerque a la idea de rectitud aunque en el fondo sepamos que nunca va a quedar como antes de doblarse. [ y eso es mucho mejor ]
Rectificar un clavo a los golpes es más fácil y predecible que encontrarle una utilidad que se adapte a su nueva forma.
Existe una probabilidad muy baja de que dos clavos se doblen exactamente de la misma manera, son tan únicos que los clavos rectos, nuevitos, relucientes, iguales, pierden la gracia.
Vivo doblado y oxidado en el fondo de la lata [ quereme así ] aunque cada tanto, recuerde el sonido de los martillazos.
El óxido genera más poesía que los diamantes.

Quedate hoy a cuidar

Quedate hoy a cuidar las ventanas de mí casa que al dormir tiendo a escaparme a correr entre fantasmas. El monstruo de mi armario ya no me puede ni ver ¿será que es imaginario o lo soy yo para él? Siempre fui mi propio amigo imaginario.

Mi ansiedad

Mi ansiedad es una barrera que a veces, no deja que me acerque a mí. Tuve que bucear en mis pesadillas para encontrarme y aún así, sigo buscando pedazos del naufragio. ¿Será que para terminar de verme tengo que tocar fondo? Si me encuentro cuando me rompo, ¿sigo siendo yo cuando estoy entero? ¿Soy lo que busco o lo que evito mirar cuando me acerco demasiado a un espejo? Y si tocar fondo es la única forma de verme, ¿cuántas veces más voy a hundirme antes de decidir quedarme? A veces, simplemente me extraño.

Hoy apagué todas las luces

Hoy apagué todas las luces, apagué las estrellas, apagué la luna, apagué los ojos, pero enseguida se encendieron todos los pensamientos.
Siempre que se apagan todas las luces siento que estoy en medio de la oscuridad. Y ese es el problema, que siempre me siento en el medio de todo. ¿Para dónde queda el centro?
¿Cuántas lámparas tengo que romper para que me dejes explorar tu oscuridad?
Quise quemarlo todo pero mis ojos no estaban listos para soportar la luz de tanto fuego.

Por fuera estoy inmóvil

Por fuera estoy inmóvil pero adentro me tiemblan los huesos. Mi pecho es un monstruo que me exige aire que no puedo tragar. Si me ves sonriendo es porque aprendí a disimular el incendio. El corazón late como si supiera algo que mi cabeza no. Me escucho pensar como un susurro constante y agotador. No es miedo. Hay un animal sin nombre que araña las paredes de mi cuerpo, desde el interior. Nadie puede ver las cicatrices que quedan adentro. El peor síntoma es esta certeza: que nada de esto significa nada.

Si no recordás

Si no recordás lo que soñaste es posible que aún no hayas despertado. ¿Cómo sé si tengo los ojos abiertos? Perdón si nos cruzamos y no te saludé, creo que estaba soñando.

Tengo miedo de pasar frente

Tengo miedo de pasar frente a un espejo, hoy no quiero ni siquiera mirarme a los ojos.
Voy a mirar directo al sol con los ojos cerrados para intentar descifrar qué dicen a trasluz, mis párpados por dentro.
¿Cuántos idiomas de mi propio cuerpo todavía me faltan descifrar? ¿Cuántas señales me atraviesan y no estoy entendiendo?
Hay días que creo entenderlo todo, todo, menos lo que pasa dentro de mí.
Afuera de mi mente todo es una selva hostil, y adentro, un infierno constante. ¿De qué lado voy a pasar más tiempo hoy?
Hay noches en las que quiero incendiar mi cabeza, y otras noches en las que se incendia sola. (Justo, siempre justo antes de dormir).
Todo puede incinerarte si estás en el infierno correcto.

Hoy me costó

Hoy me costó el disfraz de humano, acomodar mi cara para el espejo, enjuagar el sueño con jabón blanco.
Hoy fue difícil abrir la puerta, porque afuera estaba el mismo mundo en llamas que dejé por la noche, esperando por mí.
Todos los fantasmas se acuestan a dormir sobre mis ojos cada vez que parpadeo. Y salen conmigo, tropezándose con todo, abrazados de mis pies.
¿Será lo normal acostumbrarse a respirar cada vez más fuerte porque el aire está mal repartido?

Creen

Creen que es oscuridad pero las sombras brillamos al revés.
Habrá que entenderse desde la locura y desbarrancar para abrazarnos en el aire.
Flotar, desnudos de miedo, sin nombres, sin ruido.
Yo también quise ser borde y me hice centro, me hice vértigo, me hice eco de un grito que no era mío. Y sonreí.
Por ahí, después del tiempo, nos quede solo eso: la forma rara en que algunas heridas se parecen a un recuerdo.
Cuando me veas enterrado en un rincón, opaco, comiéndome las luces, acordate que yo brilllo para adentro.

Nunca más voy a confiar

Nunca más voy a confiar en alguien que no sea yo, pero cuánto cuesta, confiar en mí. Si el futuro son paredes que se angostan con el tiempo hasta el inevitable punto a partir del cual ya no hay más nada. ¿Cómo puedo confiar en mí si todavía no he recorrido los laberintos de mi mente? ¿Cómo puedo confiar en mí si todavía no me conozco lo suficiente? Mis pensamientos son un laberinto con miles de salidas, pero con millones de caminos cerrados por los que reboto en la oscuridad hasta dar con una puerta o una bengala. A veces incluso, doy con una puerta pero no la quiero abrir. ¿Será que me estoy acostumbrando al laberinto?

Soy todo lo que ya no brilla

Soy todo lo que ya no brilla pero sigue latiendo. La semilla que se rompe al caer y por sus grietas, germina. Soy el viento que rompe las ramas para que vuelvan a brotar. Y a veces soy la rama que se resiste al viento, a propósito, con todas sus fuerzas, para quebrarse.

Vivo conmigo

Vivo conmigo en una casa sin puertas. Hay días en que abro los ojos y no sé quién se despierta. Me río de lo que amo y amo lo que me rompe, camino por brasas, mastico cristales, abrazo el caos, insomne, desafiante. Me hablo en voz alta pero no me contesto porque sé que no soy yo. Busco partes mías en otros cuerpos: ningún fragmento de mí me resulta suficiente. Y cuando me encuentro, me encierro otra vez, escondiendo siempre la llave debajo de la lengua.

Me quiero comer una tormenta

Me quiero comer una tormenta, que explote en mi cráneo y llene de relámpagos mis ojos, que por fin un viento interno cambie el sentido de circulación de mi sangre.
Que la lluvia riegue los bosques de incertidumbre, y le busque sentido a casi todo, que del esqueje de una respuesta pueda hacer crecer un nuevo árbol de preguntas.
Me gusta cuando llueve a oscuras porque no puedo distinguir de qué lado de mis párpados estoy.
¿Será que cada tanto viene bien perder un poco el rumbo caminando para adentro?
Escucho el viento romper las ventanas y siento a la lluvia pronunciar mi nombre, se cae el techo entero y llueve para adentro, me miro en el reflejo de cada vidrio roto, y me apago.
Nada mejor que cerrar los ojos para disfrutar la furia de una tempestad.

Tengo el don de ser invisible

Tengo el don de ser invisible, de que en mis huellas vuelva a crecer la hierba, de permanecer oculto a la luz del día, fundido en la multitud y que nadie sepa mi nombre. Soy invisible como una sombra en la oscuridad, como una luz en el fuego, una partícula de nada. Y me muevo como el aire, sigiloso como la brisa que anuncia una tormenta, y a veces soy huracán, que forma un remolino que acaricia tu pelo en un soplo intenso que despeina, pero nunca lastima.

Todavía

Todavía me estoy buscando, cuando me encuentre, te aviso. Soy una rata corriendo por un laberinto, y soy la rata, pero también el laberinto.

Dejame siempre

Dejame siempre con esa transición suave que hace la lluvia al empezar a gotear, con el viento tibio moviendo las ramas que ondulan libres entre la tempestad.
Cierro los ojos y escucho las hojas caer a una vereda que nunca, nunca pienso barrer.
Me vestí de naranja para atardecer y me fundí en una pila de hojas del otoño.
Hoy el sol está tan tibio que voy a calentarlo abrigándolo en mis manos.
¿Cuántos otoños vas a pasar aferrándote a tus hojas muertas?

Todos pisan mi sombra sin saber

Todos pisan mi sombra sin saber que mi sombra soy yo. Un ser sin luz, sin fuego, sin latidos, oculto en la unión de dos baldosas flojas que escupen mugre a la estampida que pasa sobre mí. Abismo negro que atrapa y devora suelas sucias de prisa infundada, de reflejo opaco, de ojos sin pupilas. Soy la silueta sin contorno, aplastada en la vereda esperando que el sol finalmente me destruya para desaparecer y brillar, por fin, por mi ausencia.

No quiero pensar

No quiero pensar pero ya lo pensé todo y sentado, inmóvil, me despeina la vorágine de futuro que veo correr directo a mí. Mi cabeza es como un huracán, todo lo que pasa ya me da igual.

Mirar por la ventana

Mirar por la ventana en medio de la noche, como queriendo ver algún fantasma caminando entre los autos, invocando una desgracia que atropelle la monotonía de esta noche sin pestañas.
Mirarse al espejo y no encontrarse en la cara que sonríe sólamente de uno de los dos lados. Mirarse a los ojos y ver otros ojos.
Abrir los ojos y abrirlos de nuevo y abrirlos de nuevo y abrirlos de nuevo para aceptar la realidad después de estar soñando.
Tomar al insomnio de la mano y reproducir la película más larga, dramática, inquietante, cómica y violenta adentro de mi cabeza. Apretar la almohada con la oreja, para soñar más rápido.
Es como querer que te acompañen los miedos, sólamente, para no dormir solo.

Nadie me vio

Nadie me vio cuando me caí para dentro.
Pienso tanto que apenas oigo lo que pasa afuera.
El mundo se mueve, la gente me habla y yo asiento. Nadie nota lo lejos que estoy.
Creí que ser fuerte era no preguntar cuánto falta.
Hay abrazos que no salvan, pero acomodan. Y eso, a veces, es más que suficiente.
¿Cuánto hace que no soy yo?
Nadie abraza lo que no entiende, y yo no explico para no aburrir.
¿Cuánto falta? ¿Cuánto falta para qué? ¿Cuánto falta?

No hay

No hay peor sentimiento que no saber qué sentir.
Cuando el pecho se vuelve un hueco sólo queda dejarlo respirar.
La respiración es un acto involuntario. El amor, también.
Me duelen las encías de tanto sonreír, si tan solo dejaran de apuntarme y me permitieran llorar...
Voy a mirarte a los ojos como un acto revolucionario.
Y cuando te vuelvas gris, cuando aprietes los ojos y no salga nada, cuando de tanto dolor, el dolor ya no duela cuando tus uñas perforen la palma de tu mano hecha puño cerrá los ojos y respirá.
Esto también va a ser un recuerdo.

Me rompí tanto que el adentro

Me rompí tanto que el adentro se mezcló con el afuera, y ahora andan mis fantasmas sobrevolando, como sombras, buscando cómo emparchar lo que queda de mí. A veces siento que me voy a caer hacia adentro por el borde de mis ojos. ¿De qué está relleno el colchón que te ataja cuando tu cara estalla contra el suelo? Me estrellé tan fuerte contra la Tierra, que construí mi refugio en el cráter que dejó el impacto. Los golpes más fuertes a veces, y por desgracia, son los que en el futuro, me terminan protegiendo. Busco un terreno estable donde construir mi paz. Prefiero caminar entre escombros doblándome los tobillos a intentar ver el horizonte con una pared en frente.

Tus pinceladas más sanguíneas

Tus pinceladas más sanguíneas son las más difíciles de obtener? Tu versión más cruda tarda en salir? Tratemos que salga esa crudeza y esa sangre qué todavía no secó. Soy una caja que se cree hermética, pero a la noche sangro recuerdos. Mis muelas se chocan moliendo la nada (y duelen) y mi mente se dobla pensando en todo. (y también duele) sobrepienso las heridas que voy abriendo por sobrepensar, y vomito un charco de nostalgia negra, que nadie va a limpiar.

No todo caos

No todo caos te llama, no todo lo roto merece ser habitado.
Abrir los ojos, para cerrar la herida.
Sanar, también, es aprender a decir que no.
No cruces las puertas que no son salida.
No todo lo oscuro te pertenece.
Algunas sombras no nacieron en vos: te eligieron.
Y crecer no es iluminarlo todo, sino aprender qué oscuridades mirar desde lejos.
¿Cómo elegís tus sombras?

Tus ojos

Tus ojos caminando por el techo, yo agazapado entre muebles viejos. Te oí llorar, y no es que no me importe, es que no sé de qué hablar.
Lo difícil de ayudar sosteniendo una linterna es alumbrar para ojos ajenos porque para hacerlo hay que ponerse en el lugar del otro.
La vida es un monólogo donde mi mente y yo discutimos acerca de lo que pasa alrededor. Y no sé si monólogo porque aún no distingo si es una voz o son dos.
Sosteneme la escalera mientras me cambio algunos focos.
Vivo en un sótano adentro de un sótano, adentro de un sótano, donde ni siquiera llega la oscuridad.
Nunca fui bueno detectando qué cable es el positivo, por eso siempre muerdo los dos.
Quiero apagar todas las luces del barrio para recordarnos que todavía tenemos cielo. Las estrellas se ven mejor en la oscuridad.

Las flores revientan

Las flores revientan sobre mi cabeza y yo me oxido en silencio.
No te olvides que las flores sangran en tu mano mientras sostenés el ramo.
Te obligan a florecer porque es primavera, pero vos siempre fuiste una flor de invierno.
Duele, entre todos los colores, y apenas sostenés el peso de tus ramas secas.
Nos encantan las flores de primavera pero no vemos las raíces que crecieron en el invierno.
No todos nacimos para florecer. Algunos apenas para resistir la helada.
Quizás la única verdad esté dentro del árbol seco: no promete nada, y aun así, resiste.
Y cuando termina la primavera sólo perdura lo que se marchita.

Voy tanteando mis esquirlas

Voy tanteando mis esquirlas, buscando un reparo a la tormenta que me desarma. Me abrazo a mis partes sueltas para no perderlas entre el viento, me abrazo, para seguir entero. Sigo caminando entre mil dudas, esquivando certezas que lastiman, discursos que adormecen, risas que engañan. Y entre tanta humedad hago fuerza para respirar el aire espeso que brota de las bocas de todos los que están gritando. ¿Será el ruido también una forma de distraernos de todo aquello que nos hace respirar? ¿Será que entre tanta selva siempre tenemos que volver a encontrarnos con nuestra humanidad? Somos almas rotas buscando el vendaje que mejor se adapte a nuestra herida.

La poesía

La poesía se lee para adentro hasta que retumben los huesos, y astillados, corten tu piel dejando ver todo tu interior.

Entendé

Entendé que la distancia es mi refugio, que la soledad ordena a veces mis ansiedades, y que el silencio es suave cuando lo compartimos. Entendé que me alejo para tomar carrera, y volver mejor. Irse lejos no siempre está mal.

No quiero

No quiero llegar nunca a la olla de oro para que no se acabe el arcoiris. La magia que te habita está siempre debajo de tus pies. Un arcoiris siempre es el final de una tormenta. El lugar donde tenés que estar, es el que estás pisando. Mí sombra es el octavo color del arcoiris.

Me acostumbré a decirme que no podía

Me acostumbré a decirme que no podía sólo por repetir las voces de los que no querían que pudiera. En la penumbra de mi sombra, donde mi oscuridad baila con la incertidumbre, me encuentro perdido entre ecos del pasado que pinchan como lágrimas de lluvia. El silencio roto resuena en paredes grises, susurra los lamentos de todos los sueños perdidos, mientras mis ojos, atormentados, recorren las aguas turbias de la resignación. Bajo la luz mortecina de un techo inestrellado, mi pequeña esperanza brilla, tenue, en un desierto que destiñe mis nubes, como tinta negra en un pacto con la tristeza. En algún rincón oscuro de mi universo sombrío, donde la esperanza yace muerta, sepultada bajo palabras que aprietan mi pecho, la risa se desvanece en un eco apagado. Cautivo de mis propias contradicciones, me entrego al abismo del absurdo, donde toda la luz es apenas un destello, que distingo como el brillo de tus ojos, que siempre avanzan hacia mí, en forma de abrazo, libertad y abrazo de nuevo. Porque en esta densa oscuridad, cualquier pequeño vestigio de luz, cualquier chispa, es, para mí, el sol, todos los soles juntos.
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